domingo, 16 de agosto de 2009

Bandejas de comida a la basura


En un continente en donde uno de cada cuatro niños pasa hambre, nos damos el lujo de tirar los alimentos a la basura. Miles de niños y ancianos viven hoy en la absoluta miseria.

Un sabio dijo una vez que mientras haya una persona que pasa hambre en este planeta, desperdiciar la comida debía ser penado como cualquier otro crimen.

Nadie desconoce la ola de hambre que nos acecha, en un mundo marcado por una crisis internacional, donde los alimentos escasean y más aún en nuestro continente. El problema no es que “no haya” alimentos, tal y como es el caso de Argentina que tiene una capacidad productiva equivalente a la alimentación de trecientos millones de personas, pero solo habitan cuarenta millones y de esos diez millones pasan hambre, sino a las ausentes políticas de distribución y mecanismos solidarios que pueden empezar con el aporte de cualquiera de nosotros. Todo lo que hagamos para que solo una persona en este planeta este mejor, multiplicara nuestro bienestar.

Venía de Bariloche rumbo a Buenos Aires en un “coche ejecutivo”, donde un azafato muy educado, en el transcurso de unas 24hs. de viaje, nos lleno de bandejas de comida. Desde alfajores y galletitas, hasta churrasco con papas y ensalada. Cada tres horas recibíamos una de estas, y por más que hagamos nuestro mejor esfuerzo por comer todo su contenido, no era posible acabarlas.

Éramos alrededor de 50 pasajeros, donde menos de la mitad podía consumir solo una parte de la avalancha de snacks que nos servían.

Mi curiosidad por saber el destino de lo sobrante me hizo preguntarle al simpático azafato a donde iba a parar. Su respuesta fue contundente: a la basura!

En el mundo de las empresas, donde cada vez pesa mas fuerte las siglas R.S.E. (responsabilidad social empresaria), creo que con un gesto muy sencillo, que demanda el mínimo esfuerzo, podemos poner en practica eso que tanto nos llena de orgullo hablar. Y si no viene de parte de las empresas, nosotros podemos tomar conciencia de la comida que va a parar a la basura y con una minima molestia guardarla y darla al bajar del bus, ya que por lo general, las estaciones de micros de nuestro continente están marcadas por la pobreza, como es el caso de retiro y su inmensa villa lindera.

Ya que no tenía donde ir, le pregunté al azafato si podía juntar las sobras, y luego de su afirmativa junte 3 bolsas de residuos llenas de comida. Y todo esto fue solo en el último tramo, ya que el 80% de la comida ya había sido arrojada a la basura en las paradas anteriores. Si, a la basura!

Cuando arribamos a retiro, solo me costo dar 10 pasos, para poder entregar esas bolsas provista de alimentos a una familia necesitada. Mi satisfacción fue inmensa, pero mi indignación era muy grande también.

Un poco más de conciencia, la comida no puede ir a la basura.


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